jueves, 7 de junio de 2012

Chau, Lucas

Por primera vez en mucho tiempo, Lucas me mira perplejo. Lucas cree que puede escapar. Ingenuamente ríe bajo el filo del cuchillo, piensa que soy demasiado inmadura para hacerlo. Como si cometer un crimen fuera un acto de madurez. Recién con el primer corte, comprende que no tiene escapatoria y su expresión se torna seria. Intento explicarle el porque de mis acciones, pero no puedo. Soy incapaz de formular una oración coherente y, a pesar de ello, Lucas entiende lo que quiero decir. Es la única persona que lo hace.
 El sabe que tras mis actitudes y pensamientos siempre se escondieron la insensatez y el absurdo y que tarde o temprano llegaría este momento. Lo sabe, y eso me irrita, me hace sentir predecible. Finalmente la oscuridad de mi mirada aplaca la de el.
 Su mirada me aborrece, me da nauseas, en cambio, su cuerpo me invita a seguir tajeando su piel, su carne, sus huesos. Lucas no se resiste, a pesar de todo, no se resiste. Ir contra la corriente, tan típico de el.
 Puñalada tras puñalada, Lucas se aleja. El living ahora es una mezcla entre carmesí y bermellón y Lucas ya no llora. Lucas me sonríe. Lucas ya no está.

Lipslol

No hay comentarios.:

Publicar un comentario